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¿Qué trampas engañan a tu mente como inversor? ¡Conócelas y conseguirás tus metas financieras!

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trampas engañan a tu mente como inversor

¿Sabías que el campo de las finanzas conductuales nos señala determinados sesgos naturales que predeterminan nuestras decisiones de inversión? ¡Conócelos y conseguirás tus metas financieras! Estos sesgos son, al final, trampas que hacen que nuestras decisiones carezcan de toda lógica. Esto se debe a que la evolución de los mercados financieros provoca una serie de desequilibrios en la toma de decisiones que, como resultado final, puede impedir que accedas a resultados solventes en el largo plazo.

Existen una multitud de sesgos en la economía conductual con los que convives en tu día a día y pueden variar dependiendo de tu fortaleza emocional como ahorrador. Hoy te presentamos los principales y más influyentes en las decisiones de inversión. ¡Descubre cuáles te influyen directamente!

¿Qué tipos de sesgos hay en la economía conductual?

“Descubre que trampas te influyen cuando tomas decisiones financieras”

 Existen dos tipos de sesgos, aquellos de carácter más cognitivo —ilustrados por una tendencia o regla generalizada— y los que tienen un componente mucho más emocional —basados en los propios sentimientos del inversor—. A partir de estos dos tipos englobamos los siguientes:

  1. El sesgo de confirmación, mediante el cual el inversor tiende a obviar toda aquella información que no apoye sus creencias, lo que le impide contrastar ideas. Si un inversor ha visto en las noticias que la pésima situación económica llevará al hundimiento de las bolsas, su sesgo de confirmación girará alrededor de ese concepto. Bajo esta influencia, únicamente considerará aquellas informaciones ligadas al fatal desenlace. Y si en el futuro se presentaran datos positivos que contradigan esta premisa, los ignorará.
  2. El sesgo del hogar. Los inversores tienen una tendencia natural a invertir en aquellas acciones con un componente nacional. A través de este sesgo, el inversor pierde la oportunidad de acceder a las acciones extranjeras. Este error le impediría obtener una cartera de valores adecuadamente diversificada en lo internacional.
  3. El sesgo de manada o tendencia es uno de los más potentes en el campo de la inversión. Muchos inversores no analizan la calidad de la inversión, sino que se dejan influir por las acciones colectivas de su entorno más cercano. En los años de la burbuja inmobiliaria, un negocio que reportó importantes plusvalías, muchos inversores ignoraron las valoraciones más importantes del mercado inmobiliario y se lanzaron a pedir hipotecas para financiar la compra de inmuebles. Debido a este sesgo estudiado en las finanzas del comportamiento, muchos quedaron atrapados en el pico de la burbuja inmobiliaria y experimentaron graves pérdidas.
  4. El sesgo de preocupación evoca una serie de recuerdos vívidos en el corto plazo y crea en la mente visiones de posibles escenarios que pueden alterar el juicio del inversor acerca de sus finanzas. Pensemos que el año pasado tuvo lugar el Brexit. Tras el referéndum, el Ibex 35 sufrió la mayor caída de su historia al perder más de un 12%. Ante este descenso muchos inversores, condicionados por el sesgo de preocupación, muy probablemente vendieron su cartera. Este sesgo les llevó a perder un coste de oportunidad superior al 22%, que es la revalorización del Ibex 35 en el último año, es decir, se pierde el coste que supone no realizar la inversión.
  5. El sesgo del efecto disposición es de los más perjudiciales, porque limita las inversiones ganadoras y deja correr las inversiones perdedoras. Esta actitud tiende a ser la más peligrosa para una cartera orientada a largo plazo, ya que el sentimiento de pérdida de dinero se siente de manera mucho más fuerte que el sentimiento de victoria por haber ganado dinero. En la mente de los inversores emocionales, cuando unas acciones suben, muchos piensan que lo correcto es vender rápido antes de que caiga y, en consecuencia, frenar la buena marcha de esas inversiones. Y peor aún, cuando unas inversiones se hunden, el inversor no busca limitar las pérdidas, sino que las deja correr… Se dice que “las pérdidas a corto plazo se convierten en inversiones a largo plazo”.
  6. El sesgo de autoatribución. ¿Te acuerdas de aquella frase: “cuando el alumno suspende, es culpa del profesor”? Pues muchos inversores tienden a atribuirse los resultados positivos de su cartera, mientras que los negativos se deben a factores externos. Por ello, la frase que más repiten es: “La culpa es del mercado”.

¿Cómo evitar los sesgos para invertir de forma inteligente?

Como puedes ver, existen una multitud de sesgos en la economía del comportamiento que condicionan las decisiones de inversión finales. No nos engañemos. Por mucho que creamos que nosotros no cometemos esos errores, somos seres humanos y siempre solemos tropezar en la misma piedra. Preocuparse por la riqueza personal es una emoción humana y perfectamente natural en todos los inversores. Y dejarse llevar por las emociones es algo muy normal, sobre todo cuando están en juego nuestros ahorros. No existe ninguna fórmula para eliminar los sesgos, pero sí una manera de gestionarlos: teniendo cerca de un profesional de confianza que sepa detectarlos y vele por nuestras decisiones financieras e intereses.

Si queremos evitar cuanto antes la toma de malas decisiones que afecten negativamente a la rentabilidad de nuestros ahorros o que nos impidan aprovechar todo el potencial de nuestras inversiones a largo plazo, lo mejor es apoyarse en un asesor, como el Family Banker® de Banco Mediolanum. De esta forma podremos mantener siempre una perspectiva alejada de los sesgos negativos y todos los condicionantes externos, algo crucial si queremos recorrer con éxito el camino hacia nuestras metas financieras.

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Categorías: Educación financiera
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