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Bail-in: para qué sirve y en qué te afecta como ahorrador

Bail-in y bail-outLa última crisis financiera internacional que se inició en el año 2008 llevó a que los gobiernos de las principales economías del mundo decidieran emplear un gran volumen de recursos públicos con el objetivo final de propiciar un marco de estabilidad. Para reflotar la economía se utilizaron dos sistemas diferentes: el bail-in (recapitalización interna) y el bail-out (recapitalización externa).

Queremos explicarte qué significa cada uno porque, como ahorrador, a ti también te afectan ambos sistemas.

Los rescates que trajo la crisis

La economía mundial quedó en jaque tras los años más duros de la crisis, suceso que no solo afectó a los bancos, sino también al bolsillo de todos los ciudadanos. Para evitar el colapso del sistema bancario, la primera opción fue rescatar ciertas entidades mediante el dinero de los contribuyentes. Es lo que se denomina un rescate externo o bail-out. En Europa, concretamente, los países que más se endeudaron debido al rescate del sistema financiero fueron Alemania (225.000 millones de euros), Reino Unido (131.000 millones de euros), Irlanda (58.000 millones de euros), España (52.000 millones de euros), Grecia (45.000 millones de euros), Austria (35.000 millones de euros) y Países Bajos (30.000 millones de euros). 

“Bail-in vs bail-out: conoce la regulación que te protege como ahorrador”

El principal problema del bail-out es que este sistema termina siendo sufragado entre todos, ya que la deuda no solo corre a cargo de la entidad que ha quedado en quiebra, sino que se sufraga mediante el aumento de los impuestos a los ciudadanos. Seguro que esto te suena, ¿verdad? Ahora, gracias a una nueva legislación, será posible hacer un rescate de otra manera más justa: mediante el rescate interno o bail-in.

Bail-in vs bail-out: conoce la nueva regulación que protege al ahorrador

Como te comentábamos, los rescates de las entidades financieras no solo están diseñados para mantener a flote los bancos, sino también para proteger a los ahorradores y proporcionar estabilidad al sistema financiero. Sin embargo, como hemos señalado, no hay un único procedimiento para rescatar una entidad financiera, sino que existen dos sistemas: bail-out (recapitalización externa) y bail-in (recapitalización interna).

Los rescates bail-out han sido los ejecutados más habitualmente para la resolución de diferentes entidades bancarias. Sin embargo, el sistema bail-out genera incentivos equivocados para la gestión de los riesgos internos de un banco y una moraleja peligrosa, ya que el coste del hundimiento de la entidad no corre a cargo de quienes han asumido los riesgos, sino de todos los contribuyentes. Eso se traduce en la creación de un terreno de juego desigual con las grandes entidades, que se perciben como más propensas a ser rescatadas.

Debido a lo anterior, en la Unión Europea, desde enero de 2016, entró en vigor el sistema de rescate bail-in. Esta nueva opción de resolución bancaria incorpora puntos fuertes, especialmente en relación con la moderación del riesgo moral. Con el mecanismo de resolución bail-in, deben ser los accionistas quiénes deberían recibir el primer golpe porque son los propietarios de la entidad. Si esto no es suficiente para estabilizar el banco, los tenedores de bonos subordinados deberían intensificar sus esfuerzos. Los siguientes en la fila son los titulares de bonos sénior y, por último, los depositantes no asegurados, es decir, en la UE, los que tienen más de 100.000 euros en sus cuentas (los pequeños depositantes quedan libres de afectación).

Ejemplo de sistema bail-in: el caso de Chipre

En marzo de 2013, Chipre comenzó a caer en el abismo del colapso financiero. Para poder optar a un préstamo de la Troika (Unión Europea, el BCE y el FMI) y evitar tanto la quiebra del Estado como de la banca chipriotas, se acordó un rescate por valor de la cifra de 10.000 millones de euros (lo que suponía el 58% de su PIB).

Después de que el Eurogrupo abandonara su primer plan de rescate, que incluía un impuesto sobre los depósitos garantizados, es decir, depósitos inferiores a 100.000 euros, el Parlamento chipriota rechazó un impuesto sobre únicamente los depósitos no garantizados. En lugar de esto, el Gobierno chipriota se apoderó de los depósitos superiores a 100.000 euros. Con ello, se consiguió la liquidación del Banco Laiki (el segundo banco chipriota) e iniciar una profunda reestructuración de la principal entidad del país, el Banco de Chipre. 

Ejemplo español del sistema bail-in, en el que no se utilizaron los depósitos

La primera prueba de la nueva regulación en materia de rescates la vivimos en España con el Banco Popular. A través del Mecanismo Único de Resolución de la Unión Europea (MER), el Banco Santander fue autorizado a adquirir el Banco Popular por solo un euro, evitando su quiebra por la retirada masiva de depósitos en los días previos y unas cuentas debilitadas.

Esto supuso que, en vez de los contribuyentes, más de 300.000 accionistas perdieran el 100% de su inversión. No sólo ellos, sino también los tenedores de bonos contingentes convertibles y bonos subordinados, vieron caer su valor de inversión a 0. Traducido a euros, de un día para otro desaparecieron 1.300 millones de euros de valoración amortizados de un golpe. A los cuales hay que sumar más de 2.000 millones de euros en bonos convertibles y subordinados.

Ojalá no tengamos que vernos en otra similar pero, al menos, si se vuelve a repetir un escenario crítico parecido, será posible minimizar los efectos de un rescate de cara a los contribuyentes gracias a la opción del bail-in.

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Categorías: Educación financiera, Invertir, Mercado
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